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03 agosto 2010

13 mayo 2010

Palabras mudas








La Cia. Lamaga Teatre y sus "Palabras mudas" todos los viernes a las 22:00h. en:
SALA CINCÓMONOS, C/Consell de Cent, 283 Bcn.
Texto y dirección: Eugènia Mañas.
Actores: Laura Amor, María Borrego, Xavier Pàmies y Sascha Thienemann.
Fotografías: David Peña

13 julio 2008

Tormena de verano


Una tormenta es una rotura en el cielo, un ahogo de agua en la garganta, un resfriado en potencia, una catarata de luces y ruido ensordecedor; una tormenta es una vida detenida, una ciudad en peligro, un niño en el bosque atrapado, un hueso calado y un cigarrillo apagado; una tormenta es una calle llena de gente con prisa, de vagabundos con techo, charcos con letras y un poema sin rima; una calle oscura donde no existe la envidia pero sí la desdicha; una tormenta es un beso húmedo, una ceguera sin ojos, un mástil sin barco, una ventana abierta, un libro mojado donde las palabras cuelgan y los puntos navegan; un horizonte borroso, una playa desierta, una capucha y un paraguas del revés; una tormenta es una aventura de amor, un latir por dentro, una copa de vino, un camino sin mapa, un suspiro atrapado y una sonrisa que protege; una tormenta es una noche destruida por un tráfico de mierda y un no saber adonde ir, adonde caer, en donde yacer; una tormenta es el árbol roto por el grito de un rayo mal nacido, un parabrisas cansado, una melodía de acordeón bajo un arco de piedra antigua, un apagón y una vela que nace; una tormenta es una habitación ahora, en soledad, con el cuerpo desnudo y la piel descalza por el sueño bajo una sábana dormida, en la noche pasada, en el despertar soleado tras una tormenta; una tormenta de verano...

12 julio 2008

A la salida del colegio




Recuerdo, cuando era niño,
como oscurecía en el parque sudando
y con la respiración bien arriba
a toda prisa entre los árboles,
los columpios, los bancos
y los ancianos con bastones
y ropa vieja.


Yo corría
y todos corríamos
sin saber,
sin pensar
de qué carrera se trataba


pero ahí estábamos
escupiéndole al tiempo
con la cara sucia
y las rodillas amoratadas.


Una vez fui niño
de verdad que lo fui en el parque
el gran parque vallado

y en los tejados salté
y a las ramas subí
de pronto una tarde
de verano caluroso.


Era la época de las naranjas,
los balones y las campanas
de tela negra inverbe

con la cara rasgada
y el corazón a mil,
sin relojes sin bandera,
chucherías de colores
y gritos enemigos

en el parque:


¡GAMBERROS, GAMBERROS!
¡COMO OS PILLE OS VAIS A ENTERAR!


era el país de la imaginación desbocada
y los gatos abandonados,
del llanto fingido
un esto no me gusta
un esto no lo quiero




en la niñez pasada
fui un chaval evidente,
en el verde
y el azul del cielo,
también en el asfalto
del camino conocido


y en la casa de chocolate
donde se derretían los problemas
por el tiempo detenido
y la risa descarada


un juego de críos sin cabeza
con la falda a cuadros volteada
por el viento de una paloma aleteando


y otro grito desgarrado:


¡GAMBERROS, GAMBERROS!
¡COMO OS PILLE OS VAIS A ENTERAR!


Es cierto lo que fui un día
y otro y varios más
con un tirante en un pie
y el otro desnudo

en un sueño
por ser mayor
ahora
en el parque
sudando
y con la piel de arruga.