A veces te gustaría ahorrar el tiempo, sí, guardar los segundos y los minutos en los que no haces absolutamente nada para poder sacarlos más tarde y prolongar los buenos momentos, los orgasmos, la salud, el sol. Pero esto no es posible (sólo en la ficción hay magia) y tienes que resignarte a perder esa calderilla temporal sin nada a cambio. Vaya mierda, el mundo está mal hecho; al menos tú estás mal hecho, eso es lo que importa, vaya mierda.
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01 mayo 2008
Magia
El mundo es una chistera de la que no consigue salir. Un globo terráqueo que apenas se eleva a causa de las desgracias e injusticias que soporta. Ese es un mundo indeseable, de mentira, una imitación de mundo, un proyecto del mismo, ese no lo quiero para nada ni nadie. Hagamos magia de la buena, aquella que no se deja descubrir ningún truco porque verdaderamente no los hay, simplemente conduzcamos un modesto auto a través de maravillosos paisajes que nos abren los ojos, que nos lanzan varitas mágicas y cajas de doble fondo para encontrar la felicidad más sencilla, para vivir más por dentro...
Como gustéis
"El mundo entero es un teatro, y todos los hombres y mujeres simplemente comediantes. Tienen sus entradas y salidas, y un hombre en su tiempo representa muchos papeles, y sus actos son siete edades. Primero, es el niño que da vagidos y babea en los brazos de la nodriza; luego, es el escolar lloricón, con su mochila y su reluciente cara de aurora, que, como un caracol, se arrastra de mala gana a la escuela. En seguida, es el enamorado, suspirando como un horno, con una balada doliente compuesta a las rejas de su adorada. Después, es un soldado, aforrado de extraños juramentos y barbado como un leopardo, celoso de su honor, pronto y atrevido en la querella, buscando la burbuja de aire de la reputación hasta en la boca de los cañones. Más tarde, es el juez, con su hermoso vientre redondo, rellene de un buen capón, los ojos severos y la barba de corte cuidado, lleno de graves dichos y de lugares comunes. Y así representa su papel. La sexta edad nos le transforma en el personaje del enjuto y embabucado Pantalón, con sus anteojos sobre la nariz y su bolsa al lado. Las calzas de su juventud, que ha conservado cuidadosamente, serían un mundo de anchas para sus magras canillas, y su fuerte voz viril, convertida de nuevo en atiplada de niño, emite ahora sonidos de caramillo y de silbato. En fin, la última escena de todas, la que termina esta extraña historia llena de acontecimientos, es la segunda infancia y el total olvido, sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada." (William Shakespeare.)
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